sábado, 25 de diciembre de 2010

10 métodos de estrategia de manipulación inducida o como manipular a la gente a través de los medios


Mea culpa… como estrategia de manipulación inducida

09/10/2010 por Atreyu

Hace pocos días distintos medios en Internet han publicado un breve artículo de Noam Chomsky, titulado “Las 10 Estrategias de Manipulación Mediática”. Se trata de un listado en el que describe, de forma muy sintética las estrategias que utilizan los medios de información para manipularnos a su antojo.

Ese artículo nos recuerda algo que ya sabemos… ¿o no? Para una mayoría de las personas las estrategias de las que habla Chomsky distan mucho todavía de ser algo evidente. Por eso creo que este breve artículo podría convertirse en un pequeño recordatorio que uno debe tener a mano, y que le sirva para hacer prácticas de cómo descubrir para sí mismo, y señalar a todos los que aún no las vean, esas estrategias en la forma en la que nuestros periódicos y televisiones manejan la información: lo que nos cuentan y lo que nos ocultan. Y cómo todo eso van conformando nuestra concepción de la realidad. Tampoco estaría mal que este tipo de conocimientos tuvieran su sitio en las aulas…

Incluyo a continuación el artículo Lista de las “10 Estrategias de Manipulación” a través de los medios y a continuación hago una reflexión sobre el punto número 9 del listado

1. La estrategia de la distracción

La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética.

“Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

2. Crear problemas y después ofrecer soluciones

Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3. La estrategia de la gradualidad

Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4. La estrategia de diferir

Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad

La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver “Armas silenciosas para guerras tranquilas”)”.

6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión

Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad

Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad

Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…

9. Reforzar la autoculpabilidad

Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen

En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

Una reflexión sobre el punto número 9: Reforzar la autoculpabilidad

Encuentro que este es un punto que, de alguna manera, se diferencia de todos los otros. Los demás tienen en común que se refieren a una manipulación desde el exterior. Sin embargo, éste contiene una clave muy particular, porque la manipulación consiste en promover que sea el propio individuo quien se autocensure y autolimite.

Recientemente he caído en la cuenta de que la estrategia de reforzar la autoculpabilidad parece especialmente diseñada a la medida de los buscadores e idealistas. De aquellos que estamos firmemente convencidos de que la mejor –o incluso la única- manera de arreglar el mundo es arreglándonos a nosotros mismos. Los que -en palabras de la madre Teresa de Calculta- pensamos que si cada uno barriera delante de su casa el mundo estaría limpio.

Esto que es nuestra verdadera fortaleza puede ser también nuestra máxima debilidad. El hecho de que hagamos un gran uso de la introspección para observar nuestras incoherencias nos hace especialmente vulnerables a este tipo de manipulación si no entendemos que puede ser utilizada por aquellos que, como dice, el punto 10 del listado de Chomsky nos conocen mejor que nosotros mismos… y además de eso su objetivo es ejercer el máximo poder sobre nosotros, en su propio beneficio.

Y es que uno puede pasarse la vida entera buscando perfeccionarse como para alcanzar la suficiente talla moral para levantar la voz contra lo inmoral, o lo escandalosamente injusto…sin encontrar nunca que ese momento ha llegado. Por eso es importante comprender que es también en ese equilibrio interior-exterior donde se ha de trabajar el crecimiento, porque de lo contrario estaríamos contribuyendo –en nombre de un mal entendido autoperfeccionamiento- a que el mal siguiera campando a sus anchas.

En estos momentos la Humanidad está en el ojo del huracán de un cambio monumental. Mal y Bien, Luz y Oscuridad, están -mientras se desmorona una concepción de la realidad y emerge una nueva- completamente polarizados e inextricablemente unidos.

En el exterior observamos un avance rapidísimo en lo que tiene que ver con los recortes de libertades. No deberíamos buscar engañarnos a ese respecto negando la evidencia. Evidentemente, en amplios sectores de la población existe una percepción creciente de desasosiego, pero lo cierto es que la mayoría de las personas es aún muy inconsciente de lo que está sucediendo en el mundo detrás del telón. Por tanto, queda mucho trabajo por hacer.

Pensar está ahora mismo prohibido. Sin embargo, es un acto de libertad que sigue siendo imprescindible.

Lo que podemos hacer

Tomar conciencia de que son las ideas lo que está en el origen de nuestra realidad material. Si no nos gusta lo que hemos proyectado fuera tenemos que revisar las creencias que están en el origen de nuestras creaciones. Y este trabajo, (que lo es, y muy intenso), si lo queremos llevar a cabo por nosotros mismos requiere de tiempo, silencio y reflexión.
Por tanto, debemos seleccionar con cuidado las semillas que colocamos en la mente; podemos elegir mensajes que nos hacen sentir pequeños o, por el contrario, los que nos ponen en contacto con todo nuestra potencial. Es una decisión.
Las estrategias de los medios de comunicación (prensa y televisión) de las que hemos hablado en este post están dirigidas a hacer de nosotros marionetas al servicio de un poder superior. Nos corresponde decidir si queremos ese u otro futuro para nosotros.
La situación crítica ante la que se halla nuestra civilización necesita que un porcentaje de población acepte el reto de sembrar en sus mentes, y regar con sus actos, la semilla de aceptarse a sí mismos como consciencia creadora ilimitada capaz de crear un mundo de equilibrio y armonía para todos. Cada uno de nosotros, ejerciendo su soberanía individual, puede decidir si quiere unirse a ese grupo de población que, desea aliarse con las fuerzas de la evolución para hacer realidad ese objetivo.
Video corto que refleja muy bien la forma en que la sociedad modela nuestras creencias limitantes

domingo, 12 de diciembre de 2010

Prometeo


MANUEL VICENT 12/12/2010

Cada día hay más distancia entre los que saben mucho y los que saben poco, entre los que lo pueden todo y los que no pueden nada. Cada día son más los que obedecen ciegamente a unos pocos y es más profundo el vacío entre esos seres innombrables que ostentan el poder sin límite sobre nuestras vidas y la sociedad invertebrada que se mueve abajo como un ganado lanar. No obstante, existen unas reglas precisas para que la gente obedezca sin rebelarse, creyéndose libre. Ante todo hay que tener al público contento y culpabilizado, sin darle tiempo a pensar. En cualquier caso, será necesario agitarlo con un látigo para que baile y se divierta ante una hipotética catástrofe que se avecina. Se le azotará alegremente con espectáculos de masas, con la basura de la televisión, con un sexo imposible al alcance de la mano, con ídolos del deporte, que sobre los vertederos industriales de las ciudades erigirán unos cuerpos desnudos en las vallas publicitarias como productos deseados, pero en medio del sonido que desprende una fiesta semejante se deberá oír una voz potente que anuncie medidas dolorosas, necesarias e inevitables para salir de la crisis sin que se nos permita dejar de bailar. La voz repetirá una y otra vez que todo ha sucedido por nuestra culpa. Queríamos tener dos casas, un coche de gran cilindrada, ir de vacaciones de verano a Cancún o a esquiar a los Alpes, y no cesamos de consumir sin freno, de exigir trabajar menos y cobrar más. Protegidos por el vocabulario críptico de la alta tecnología, por el jeroglífico indescifrable de las leyes religiosas del mercado, el sistema hará que te sientas un menor de edad, ignorante y cómodo en medio de la mediocridad general, te hará correr agónicamente hacia el pesebre repleto de alfalfa y cuando te tenga del todo en sus manos te enseñará a balar. Pero recientemente ha surgido un nuevo Prometeo que ha vuelto a robar el fuego del Olimpo. El héroe mitológico se ha encarnado en Julian Assange, el creador de Wikileaks, al que han encadenado para dejarlo a merced de las alimañas. Ha sido el primero, pero pronto tendrá una legión de seguidores dispuestos a apropiarse de la alta tecnología informática, como del fuego sagrado, y entonces serán los corderos los que desafíen y suplanten a los dioses.

jueves, 28 de octubre de 2010

martes, 26 de octubre de 2010

“Es necesario ‘un nuevo Nuremberg’ para los especuladores financieros”


Declaraciones de Jean Ziegler, miembro del comité consultivo del Consejo de Derechos Humanos de la ONU


Los especuladores financieros, causantes de la crisis mundial, deben comparecer ante un nuevo “tribunal de Nuremberg”, similar al que juzgó a los nazis después de la Segunda Guerra Mundial, afirma el analista y miembro del comité consultivo del Consejo de Derechos Humanos de la ONU Jean Ziegler.

La “responsabilidad final” de la crisis económica “es de las entidades capitalistas, de los especuladores de las bolsas, esos bandidos a los que hay que sentar ante una corte penal internacional, ante un nuevo Nuremberg”, señala Ziegler, quien estos días presenta en Madrid la edición española de su libro “El odio a Occidente”.

Esta obra denuncia el incumplimiento de los compromisos de las naciones más ricas con la ayuda a los países subdesarrollados, y el neocolonialismo lanzado por las empresas multinacionales amparadas en un sistema financiero “caníbal”, como subraya Ziegler en una entrevista con Efe.

El que fuera relator especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación entre los años 2001 y 2008 no deja títere con cabeza y arremete contra las instituciones que considera cómplices de esos “piratas financieros”, como la Unión Europea, a la que califica como una “organización mercenaria del gran capitalismo internacional”.

Ziegler recuerda que en octubre de 2008 “los países de la zona euro decidieron en París pagar 1,7 billones de euros para evitar el colapso financiero y garantizar los créditos interbancarios”, y que antes de que terminara ese año esos mismos estados habían recortado drásticamente las partidas del Programa Alimentario Mundial (PAM)

“Hoy día, el presupuesto del PAM es de 3.200 millones de dólares, la mitad del que había anteriormente. Eso significa, por ejemplo, que en Bangladesh se eliminan todas las comidas escolares y que un millón de niños se queda sin su principal fuente de nutrición diaria”, asegura Ziegler, quien acusa sin reparos a los “bandidos de la especulación”.

“Son criminales que han cometido crímenes contra la humanidad, en el sentido estricto del término según la justicia internacional. Sus acciones han provocado la muerte de millones de personas, mientras continúan con su estrategia para dominar el mundo”, agrega Ziegler.

Se refiere a la conferencia internacional que estos días se ha reunido en Nueva York para analizar el cumplimiento de los llamados “Objetivos del Milenio” de la ONU destinados a avanzar, antes de 2015, en la erradicación de la pobreza, el hambre, el analfabetismo, la desigualdad de género, la mortalidad infantil, las epidemias y la destrucción del medioambiente, entre otras metas.

“Han pasado dos tercios del tiempo desde en el 2000 se reunieran por primera vez 298 jefes de Estado y Gobierno, y vemos que la situación es inversa. Cada cinco segundos un niño menor de diez años muere de hambre en el mundo. Más de 37.000 personas mueren de hambre cada día y 2.000 millones sufren desnutrición”, destaca.

Lo peor de todo, insiste Ziegler, es que con la agricultura actual podría producirse suficiente alimento como para mantener a 12.000 millones de personas, es decir, el doble de la población mundial actual.

“La muerte de hambre de un niño hoy día es un asesinato. Este es un orden mundial caníbal”, sentencia.

El también autor de “El imperio de la vergüenza” (2006) se refiere asimismo en su nuevo libro a la lucha de las multinacionales por el control de los recursos energéticos de Nigeria y a la nacionalización por el presidente boliviano, Evo Morales, de la producción del gas y la minería en su país que antes controlaban las empresas extranjeras.

Una mención especial le merece el presidente estadounidense, Barack Obama, de quien destaca en la entrevista que “la esperanza fue tan grande con un afroamericano en el poder en EEUU que la decepción es, si cabe, más grande”.

No obstante, disculpa a Obama por el “terreno minado” en que se mueve: “hay tres líneas rojas en EEUU que un presidente no debe cruzar. No debe ofender al complejo industrial militar, un estado dentro del Estado, ni a Wall Street, ni al lobby sionista en su país”.

“Obama sabe perfectamente que si ataca a cualquiera de estos grupos, será asesinado”, afirma Ziegler rotundo.

Como salida a tan negra situación, este profesor egregio de la Universidad de Ginebra llama a la creación de un frente solidario entre la nueva sociedad civil “que crece en Occidente” y los movimientos sociales de los “pueblos del Sur”, a fin de hacer la que sería “la primera revolución mundial victoriosa”.


domingo, 24 de octubre de 2010

El acoso del razonamiento

JAVIER MARÍAS 24/10/2010

Hasta hace no mucho tiempo, existía una tradición inviolable, y lo que quiero decir con este exagerado adjetivo es que por supuesto podía violarse, pero quien lo hacía quedaba inmediatamente expuesto al descrédito y privado de razón. Esa tradición atañía a la discusión, ya se diera en el ámbito privado, ya en el público. Si alguien afirmaba algo en el transcurso de una cena o de una tertulia, y un interlocutor se lo rebatía con argumentos, el primero estaba obligado a refutar a su vez y a aportar nuevas razones que sustentaran lo que había afirmado y desbarataran las esgrimidas por el segundo. Si no encontraba esos nuevos argumentos, o éstos carecían de peso y no resultaban convincentes –no ya para el adversario, sino para los presentes, que en cierto modo ejercían de árbitros, aunque sólo fuera con murmullos de aprobación o desaprobación–, sus aseveraciones iniciales debían ser retiradas o matizadas, o quedaban lo bastante desautorizadas para diluirse: en todo caso no prevalecían. Le suponía aún mayor desdoro irse por las ramas y evitar la confrontación, lo que hoy se llama –con expresión pedestre– “echar balones fuera”: cambiar de tema e intentar desviar la atención del aprieto en que se hubiera metido. Y la peor de todas las reacciones, la que más lo desprestigiaba y jamás se consentía, era no contestar nada, callar, fingir que lo aducido por su contrincante no había existido ni por tanto necesitaba réplica. Dentro de esa tradición se inscribía el viejo dicho “El que calla, otorga”, esto es, el que mira hacia otro lado y se pone a silbar, el que se hace el distraído y no se da por aludido tras una interpelación directa, está concediendo la razón al otro, está reconociendo su arbitrariedad o su equivocación. Y eso vinculaba, quiero decir que ese individuo ya no podía volver a la carga y seguir afirmando lo que había sido incapaz de demostrar o defender; quedaba desarbolado, y, cada vez que insistiera en sus opiniones carentes de base y de sostén, se le recordaría la argumentación que no pudo combatir.

Esta vieja tradición dialéctica, fundamental para la convivencia, ha saltado por los aires. Los políticos actuales no habrían sobrevivido a un solo rifirrafe de estas características hace veinte años, no digamos hace cincuenta. A ninguno se le habría tolerado –o no sin un monumental descrédito para él– hacer caso omiso de las preguntas de los periodistas, de las opiniones fundadas de los columnistas, de las argumentaciones de sus adversarios. No habría sido de recibo que contestaran “Eso hoy no toca”, o “Qué buen tiempo hace”, o “Lo único que importa es que somos lo mejor para España” ante una pregunta directa o en medio de una discusión. Se los habría llamado de inmediato al orden: “Oiga, no me ha respondido”, o “No ha refutado lo que le he dicho”; y si se hubieran empeñado en seguir rehuyendo la cuestión, nadie les hubiera aceptado que volvieran a hablar, al menos no de esa cuestión. Esta actitud de los políticos no sólo se consiente y no les trae consecuencias, sino que además ha contagiado al resto de la sociedad. Lo habitual es hoy que, si alguien aduce o argumenta algo con suficiente convicción y el interpelado no sabe oponer resistencia, éste finja no haber oído, o es más, finja que nadie ha oído, que las palabras que lo incomodan no han sido pronunciadas o escritas, no han existido. A veces, como mucho, las despacha con ese comodín ridículo de “Esa es su opinión”, como si las opiniones ajenas no nos afectaran y no debieran ser refutadas o contrarrestadas por la propia, eso sí, con argumentos. Hoy es posible asistir a este diálogo: “El sol sale por oriente”. “Ah, esa es su opinión”.

Lo más grave de esta actitud generalizada, y admitida por los espectadores o árbitros, es que pronto, muy pronto, los que se molestan en razonar desistirán de ello, en vista de su inutilidad. Y eso es lo que en el fondo anhelan los políticos y cuantos no soportan disensión ni discrepancia alguna. Hace unos meses leí que ya se había producido un abandono: Félix de Azúa, uno de los mejores argumentadores de nuestro país, anunció que dejaba sus colaboraciones en El Periódico de Catalunya ante la imposibilidad no ya de convencer a nadie de nada, sino ante la evidencia de que sus columnas eran leídas como quien lee llover (no pude ver ese texto suyo, pero sí algunos comentarios sobre él). ¿Cuánto van a durar deslomándose, dándose con la cabeza contra una pared o contra el vacío, los que aún aspiran a tener razón –y, por tanto, a que se les dé– y se preocupan de demostrar que la tienen mientras otro no se la quite con las mismas armas dialécticas de buena ley? ¿Cuánto más durarán sin hartarse los Savater, Ferlosio, Ramoneda, Juliá o Gómez Pin, por mencionar a unos pocos articulistas de este diario, si lo único que obtienen son ladridos en el mejor de los casos y oídos sordos en el peor? ¿Si los gobernantes o los contrincantes no se dan por aludidos aunque hayan sido señalados con el dedo, y no van a sentirse obligados a responder ni a rectificar, y la ciudadanía en pleno se lo consiente? A este paso llegará un día en el que las cabezas pensantes habrán sido anuladas por el agotamiento, el hastío, el desaliento que esta situación produce. Y entonces estaremos aún más desahuciados: aunque ahora no haya respuestas ni reacción, y sólo “balones fuera”, los argumentos todavía existen, y los lectores-árbitros disponemos de ellos. Lo malo de veras será cuando a nadie le compense el esfuerzo, y nadie lleve la contraria a los vacuos que –ellos sí, impertérritos– seguirán hablando, e imponiendo.

jueves, 21 de octubre de 2010

viernes, 15 de octubre de 2010

Nuevo ejército

JUAN JOSÉ MILLÁS 15/10/2010

Esa fotografía en la que Zapatero explicaba humildemente a los señores de Wall Street las medidas que habíamos tomado para calmar su ira, es terrible. El ruido de sables ha sido sustituido por el de la ladronera, pero los golpes de Estado siguen siendo golpes de Estado, los dé un general o un financiero. Sometida al fin la institución castrense al poder civil, los políticos se humillan ahora ante los coroneles de la Bolsa. Si hubiéramos visto a nuestro presidente en semejante actitud frente a los generales del Alto Estado Mayor, nos habríamos echado las manos a la cabeza. Quiere decirse que las pistolas han sido sustituidas por corbatas de seda y los uniformes verdes por trajes de Armani. El resultado final es que a usted y a mí nos aprietan las tuercas (si tenemos la fortuna de que todavía haya margen para apretárnoslas).

A todo esto, hablamos de la globalización como de un tropismo en cuyo crecimiento no hubieran intervenido decisiones políticas de ninguna clase. Aceptamos como inevitable la existencia de los mercados globales al tiempo de afirmar su ingobernabilidad. En otras palabras, ni somos responsables de su aparición ni tenemos margen de maniobra alguno para corregir sus atropellos. He aquí la gran trampa intelectual del fenómeno. Dado, pues, que lo que sufrimos es un desastre natural y no un atraco pistola en mano, los políticos peregrinan hasta los nuevos cuarteles, donde son recibidos por los dioses del dinero, a quienes prometen el sacrificio de equis doncellas y de tantos jóvenes para apaciguar sus ánimos. Pero cuantos más sacrificios les ofrecemos, más se enfadan. No habíamos terminado de rescatarlos de su bancarrota con el dinero del contribuyente (el de usted y el mío) y ya estaban solicitando más vírgenes, más jóvenes, menos déficit. ¿Cómo se somete a un ejército de esta naturaleza?